La profesión de burlacos hoy parece rodeada de la romanticismo de tiempos pre-revolucionarios y del espíritu de libertad. Sin embargo, en realidad era un trabajo duro y agotador.
Los burlacos no se convertían en ello por gusto. En este ámbito entraban personas que se encontraban en el fondo de la sociedad: borrachos, personas sin hogar y reincidentes. Trabajaban como burlacos poco tiempo, principalmente debido a las duras condiciones. Tenían que arrastrar barcos de varias toneladas con carga, fluir madera y a veces estar hasta la cintura en agua helada.
En las orillas del Volga y sus afluentes también se podían encontrar artelas de burlacas. A los clientes no les importaba la resistencia física de las mujeres, y también las obligaban a arrastrar barcos contra la corriente.
Según el investigador I.A. Shubin, en el siglo XIX el trabajo de los burlacos era así: en las barcazas se instalaba un tambor con un cable. La gente se sentaba en una embarcación, tomaba el extremo del cable con anclas y navegaba río arriba, lanzando las anclas al agua. Los burlacos en la barcaza tiraban del cable, enrollándolo en el tambor, y así movían la barcaza río arriba. Ellos retrocedían, mientras la cubierta avanzaba. Al enrollar el cable, repetían el proceso. Por la orilla solo tenían que tirar cuando el barco encallaba, como en el cuadro de Repin, lo cual era raro.
Trabajaban por un pequeño salario, no más de 10 rublos, que a menudo no llegaban a la familia, ya que los burlacos los gastaban en alcohol. Las artelas de burlacos eran comunidades cerradas, unidas por una garantía mutua. En los contratos a menudo había una obligación de pagar multas por los trabajadores que cometían faltas.
La expresión "gran figura" proviene precisamente de los burlacos y significaba al trabajador más fuerte que iba delante de todos.
En el Imperio Ruso, la ciudad de Rybinsk fue llamada "la capital de los burlacos" desde principios del siglo XIX. Durante el verano, a través de ella pasaba una cuarta parte de todos los burlacos de Rusia.
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