En la historia del teatro ruso ha habido muchos momentos significativos, pero un lugar especial en el desarrollo del ballet y la enseñanza ocupa el legendario Marius Petipa. Este destacado hombre nació en Francia y, a diferencia de otros emigrantes de Europa Occidental, no tenía ningún vínculo con Rusia. Creció en una familia creativa, actuó como bailarín y realizó giras por diferentes países, además de hacer carrera como coreógrafo en su patria. Es poco probable que Marius alguna vez se imaginara como súbdito ruso, pero en 1847 recibió una invitación para actuar en los escenarios de San Petersburgo. En ese momento, el prestigio del Imperio Ruso era alto, y Petipa aceptó rápidamente.
La primera actuación del bailarín y coreógrafo francés en Rusia tuvo lugar en el escenario del Teatro Bolshoi (de Piedra), después de lo cual comenzaron sus primeros ensayos como coreógrafo en Rusia. Quedó impresionado por la destreza de los bailarines y bailarinas rusos, su deseo de realizar elementos complejos y el amor del público por el ballet. En lugar de una breve gira por Rusia, Marius inesperadamente quiso quedarse en este país que aún le era desconocido. Así comenzó su camino creativo en Rusia, donde pronto se convirtió en el coreógrafo principal del Gran Teatro de San Petersburgo y ocupó ese cargo durante más de treinta años. En 1894, obtuvo la ciudadanía rusa y se quedó en el país para siempre.
Marius vivió en Rusia casi 65 años, dejó más de cien obras y fue galardonado con ocho premios estatales, incluidos tres órdenes. Petipa falleció en 1910 a la edad de 92 años. Fue enterrado en el cementerio luterano de Volkov, pero en la época soviética muchos enterramientos fueron destruidos, y los restos con el monumento del gran coreógrafo fueron trasladados al cementerio de Tikhvin. Hoy su nombre lleva uno de los parques de San Petersburgo, y su imagen ha aparecido en sellos postales y en una moneda de dos rublos.
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