A principios del siglo XX, la ciencia se desarrollaba rápidamente, y este período se percibía como la era del humanismo. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial y dos revoluciones lo cambiaron todo: los países se desmoronaban y la gente moría. En este caos se encontraba el conocido gobernador de Moscú, consejero secreto de estado y camarero, el príncipe Vladimir Mijailovich Golitsyn. Este destacado hombre recorrió el camino desde los altos círculos de la sociedad prerrevolucionaria, la cercanía al emperador Nicolás II y el título de ciudadano honorario de Moscú, hasta el despreciativo estatus de "ex" y el exilio con privación de derechos.
Vladimir Mijailovich Golitsyn nació el 22 de julio de 1847. Su padre provenía de una antigua familia principesca, y su madre era una condesa Baranova de nacimiento. El príncipe nació en París, pero pronto regresó a Rusia con sus padres y, tras recibir educación, ingresó al servicio estatal. Su carrera fue exitosa: a los 36 años se convirtió en vicegobernador de Moscú, y en 1887 ocupó el cargo de gobernador. Sus méritos fueron reconocidos por el soberano, pero en 1891 llegó a Moscú el Gran Duque Sergio Mijailovich, y Golitsyn más tarde se convirtió en alcalde de Moscú. Junto con el tío del emperador, trabajó en la transformación de la ciudad, donde se instalaron alcantarillado, un nuevo acueducto y el primer tranvía.
En 1905, Vladimir Mijailovich apoyó las reformas constitucionales, pero no pudo llegar a un acuerdo con el emperador y se retiró. Siguió siendo uno de los 12 ciudadanos honorarios de Moscú y se dedicó activamente a la caridad. Tras la llegada del poder soviético, Golitsyn permaneció en Moscú, pero fue arrestado y desterrado a Bogoroditsk. Más tarde vivió en Zagorsk y Dmitrov, continuando con la educación popular, pero a menudo fue arrestado y enfrentó obstáculos. Vladimir Mijailovich falleció el 29 de febrero de 1932 a la edad de 84 años.
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