Para algunos, el superinteligente es un sueño, para otros, una desgracia. Así fue el destino de Román Semiónovich Arrago, originario del Imperio Ruso, cuyo verdadero apellido era Levitin. Nació en 1883 en una familia pobre de artesanos en la ciudad de Konotop, actualmente en la región de Sumy, Ucrania. Desde niño, Levitin mostró habilidades excepcionales en matemáticas. A los 18 años comenzó a trabajar como contable en una empresa de un comerciante de manufacturas. Fue el propietario de la firma quien primero notó su talento intelectual: Román Semiónovich multiplicaba fácilmente números de varias cifras en su mente y revisaba hasta 100 informes en una hora sin errores. Tal empleado era un verdadero hallazgo para el comerciante, y pronto le confiaron los informes anuales para la hacienda. Sin embargo, a Levitin no le gustaba ese trabajo, soñaba con ingresar a la Sorbona. El comerciante, aunque con el corazón pesado, le permitió irse.
Para entonces, Román Semiónovich había aprendido por su cuenta cuatro idiomas extranjeros. En Francia, comenzó a estudiar los fundamentos de la ingeniería y una vez sorprendió enormemente a un viejo profesor. A Levitin se le dio la tarea de desarrollar un proyecto de puente, normalmente los cálculos tomaban una semana, pero él los realizó en su mente en unos minutos. El profesor, asombrado, dijo: "Si tienes tal cabeza, ¿para qué necesitas un diploma de ingeniero? Ve al escenario, te traerá cien veces más que cualquier puesto de ingeniero".
Así comenzaron las giras de Levitin. En el escenario, calculaba la raíz cúbica de un número de 12 cifras en segundos, multiplicaba y dividía números de varias cifras, y determinaba con precisión qué día de la semana caería una fecha determinada el próximo año. Pronto toda Europa hablaba del fenómeno matemático. Su victoria sobre un competidor mecánico, la mejor calculadora de la época, causó especial entusiasmo. Al calcular números de varias cifras, Román Semiónovich superó a la máquina por 8 segundos.
Los científicos se interesaron en este prodigio. Los primeros en notar su inusual estado mental fueron los doctores. Levitin contaba que veía números voladores a su alrededor, que tenían sabor y color: por ejemplo, el 7 era verde y el 5 rojo. Además, a menudo tenía pesadillas, se sentía muy avergonzado con las mujeres y temía hablar con ellas, a veces se desmayaba, pero asombraba a todos con sus habilidades intelectuales. No pudieron darle un diagnóstico exacto. Solo encontraron alteraciones en la actividad cerebral y una alta actividad en la zona arterial del lóbulo temporal izquierdo, conocida como la zona de la genialidad. Román Levitin continuó actuando con números matemáticos hasta su muerte en 1949. El misterio de la genialidad del hijo de un pobre artesano sigue sin resolverse.
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