Alexander Gelfand, conocido como Parvus, fue, quizás, el revolucionario más extraño de su época. Alexander nació en 1867 en el pueblo de Berezino, en la provincia de Minsk (territorio de la actual Bielorrusia), en una familia judía.
Teórico del marxismo, coautor de la idea de la "revolución permanente" junto a Trotsky, al mismo tiempo era un brillante comerciante, y precisamente esta combinación lo convertía en una figura que provocaba en sus contemporáneos una mezcla de admiración y desprecio.
Después de la revolución de 1905, su arresto y huida al extranjero, Parvus se dedicó al comercio de armas en los Balcanes durante las guerras balcánicas. El negocio resultó ser extremadamente lucrativo. Para el inicio de la Primera Guerra Mundial, ya era un hombre adinerado, y este contraste con la imagen de "revolucionario profesional" era evidente.
En la isla de Schwanenwerder cerca de Berlín, Parvus construyó una villa, donde vivía con auténtico lujo burgués: buena cocina, caros puros, comodidad, todo aquello de lo que, en teoría, debería haber renunciado un verdadero marxista militante. Corpulento, pesado, amante de las comodidades, no encajaba en la imagen romántica del luchador por la liberación del proletariado.
Los antiguos compañeros no perdían la oportunidad de burlarse de él por esto. Trotsky, con quien Parvus había estado intelectualmente cercano en algún momento, miraba con abierta burla su nuevo estilo de vida; para el entorno de los emigrantes revolucionarios, una villa a la orilla del lago era casi una traición a los ideales.
Parvus, al parecer, no veía contradicción en esto. El dinero era para él una herramienta, una fuente de influencia y la posibilidad de impactar el curso de los acontecimientos, incluida la financiación de la actividad revolucionaria en Rusia en 1917.
Así quedó esta figura en la historia: un burgués con una teoría revolucionaria en la cabeza, que murió en 1924 rico, pero políticamente olvidado y no reclamado por aquellas fuerzas cuyo ascenso había contribuido en su momento.
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