La historia del sendero de Golitsyn comienza en 1912, cuando el príncipe Lev Sergeyevich decidió crear una ruta pintoresca para la visita del emperador. Por su orden, se abrió un sendero en la roca que ofrece una vista impresionante del mar desde las alturas. Nicolás II quedó impresionado por el paseo y la invitación a la mesa, donde Golitsyn lo agasajó generosamente con vinos y champán de sus bodegas. Al emperador le gustó tanto la recepción que pronunció la frase que dio nombre al asentamiento crimeo: "Ahora veo la vida en una nueva luz" (antiguo nombre, Paradiz).
La visita del zar a esta parte de Crimea no fue casual. El príncipe enfrentaba serias dificultades financieras y esperaba que el costoso huésped ayudara a resolverlas. Precisamente para esto se abrió el sendero, que se convirtió en uno de los lugares más populares de la península.
Además, Golitsyn utilizó el microclima único de la gruta para almacenar vinos, y su acústica, para la música y las voces de los mejores intérpretes. Las paredes de la gruta guardan ecos de aquellos tiempos: restos de frescos de templos y estanterías de piedra para vino. La gruta recibió su nombre gracias a Fiódor Shaliapin, cuya voz, amplificada por la acústica, podía provocar escalofríos en los oyentes y romper copas.
Desafortunadamente, en los últimos años de su vida, Lev Sergeyevich enfrentó problemas de salud. Para conservar su propiedad, viñedos y bodega, decidió regalar parte de sus dominios al emperador, y Nicolás II se convirtió en uno de los propietarios de Nuevo Mundo.
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