Hoy en día, los automóviles eléctricos ya no son algo inusual. Se producen en masa en países como EE. UU., Alemania, Francia, China y Japón. Rusia se queda un poco atrás en este ámbito, aunque aquí se inventó por primera vez el automóvil eléctrico en el siglo XIX. En 1899, el ingeniero Ippolit Vladimirovich Románov, que entonces tenía 35 años, presentó su vehículo, un carruaje con motor eléctrico.
Exteriormente, este transporte se asemejaba a un taxi inglés y estaba diseñado para dos pasajeros y un conductor. La principal innovación consistía en las baterías, que suministraban electricidad a dos motores que movían las ruedas. A 1800 revoluciones por minuto, los motores alcanzaban una potencia de casi 6 caballos de fuerza. La carga de las baterías duraba 4 días, y la autonomía era de aproximadamente 65 km. En el interior también había una pequeña estufa, lo cual era importante para el duro clima ruso. A pesar de las altas calificaciones de los especialistas, el automóvil eléctrico de Románov no tuvo una amplia difusión.
Sin embargo, Ippolit Vladimirovich no se desanimó. En 1901, comenzó un nuevo proyecto, un ómnibus eléctrico, o autobús. Este invento podía alcanzar una velocidad de hasta 10 km/h, pesaba alrededor de 1.5 toneladas y podía llevar a 15 pasajeros, además de tener dos asientos adicionales en la plataforma abierta en la parte trasera. Románov propuso crear 10 rutas en San Petersburgo para el nuevo transporte público.
Aunque las autoridades locales dieron permiso, se negaron a financiar la producción de autobuses eléctricos, alegando falta de fondos. Los inversores también fueron escépticos ante la idea de Románov. Los cocheros también se opusieron, ya que no necesitaban tal competidor. Al final, el proyecto tuvo que cerrarse. Es una lástima, ya que los inicios de Románov podrían haber sido posteriormente un estímulo para el desarrollo de la producción nacional de automóviles eléctricos.
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