El entrenador de natación Leonid Románchenko fue llamado en su momento "hombre-pez". En julio de 1912 estableció un récord mundial, nadando 45 verstas en un día en el mar Caspio. Este logro fue inspirado por el inglés William Burgess, quien cruzó el Canal de la Mancha en 22 horas y 35 minutos. Románchenko decidió demostrar que nuestros deportistas no se quedan atrás y comenzó a prepararse para el maratón. Era un nadador experimentado y entendía el riesgo que asumía.
Antes de la travesía, Leonid Alexéyevich se untó de grasa, se puso una máscara de cuero y gafas, y colgó un silbato al cuello. Lo acompañaban un barco y una lancha motora en caso de situaciones imprevistas. El maratón comenzó a las 21:35, y toda la noche nadó casi sin parar. Por la mañana se acercó a él un barco, y los remeros preguntaron si necesitaba ayuda. Románchenko se negó, pero al ver su desayuno, pidió algo delicioso. Le pasaron un huevo, pan y una taza de té caliente. Durante toda la travesía comió 13 huevos, un trozo de melón y bebió medio litro de coñac.
A pesar de tal apoyo, los acompañantes le dificultaban la moral. Cuando se superó el récord de Burgess, le ofrecieron terminar el maratón y subir al barco. Sin embargo, no se rindió, superando las olas y la corriente en contra, y continuó avanzando hacia su objetivo. A las 21:45 llegó a Bakú, donde fue recibido con aplausos entusiastas. Así se estableció un récord mundial.
Después de esto, Románchenko ganó fama, aunque no aspiraba a las alturas estelares. Continuó trabajando como entrenador, enseñando a los estudiantes de gimnasia y cadetes a nadar. Entre sus alumnos estaban Kuprin y Breshko-Breshkovsky. Después de la revolución, enseñó brevemente en Chita y luego emigró a Harbin.
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