En la pequeña ciudad francesa de Sen-Gil-Crua-de-Vi, situada a orillas del océano, se erige un monumento a Marina Tsvetaeva.
En un banco, con una rosa en la mano, ella mira pensativa y con inquietud los barcos que se alejan. Así es como la vio la poeta durante su emigración en Francia, el escultor Zurab Tsereteli.
El verano de 1926, Tsvetaeva lo pasó en esta ciudad. Tsereteli decidió representarla tal como se le apareció en su imaginación a través de la correspondencia con Boris Pasternak. Su comunicación escrita duró diecisiete años, la mayor parte de los cuales transcurrió en Francia.
El escultor creó un díptico: en dos bancos, situados a cierta distancia uno del otro, están sentados Marina Tsvetaeva y Boris Pasternak. Actualmente, la figura de Pasternak se encuentra en Moscú, mientras que la estatua de Tsvetaeva está en Francia. Entre ellos se mantiene una distancia real, al igual que en los años de su correspondencia.
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