En otoño de 1917, el joven cadete Andrei Chelychev se enteró de que en su finca en la provincia de Kaluga, los campesinos habían organizado una revuelta, ahorcaron a los perros de caza y saquearon la mansión. Esto lo llevó a renunciar a regresar a su patria. Posteriormente, se unió a la Guardia Blanca, retrocedió con combates hasta Crimea y, junto con el ejército de Wrangel, emigró al extranjero. Chelychev se estableció en Francia, donde comenzó a trabajar en el Instituto Nacional de Agroquímica. Desde 1930, se dedicó a la microbiología, trabajó en viñedos y se destacó como un buen especialista.
En 1938, su vida dio un giro significativo: el propietario de la bodega Boulle, Georges de Latour, le ofreció un trabajo en el valle de Napa, California. Chelychev aceptó, pero se quedó en shock al llegar a EE. UU.: debido a la Ley Seca, la producción de vino estaba prácticamente destruida, su calidad dejaba mucho que desear, y en las fábricas reinaba la insalubridad.
Chelychev tuvo que empezar casi desde cero. Desarrolló métodos para proteger los viñedos de las heladas y enfermedades, y luego se dedicó a la producción. Se reemplazaron las tuberías de hierro fundido por vidrio, las prensas de hierro sucias por inoxidables, y se implementó un cuidadoso tratamiento sanitario de las barricas. Los resultados no tardaron en llegar.
En uno de los concursos en Francia, donde los vinos fueron evaluados a ciegas, el primer lugar fue para el producto californiano. El jurado se sorprendió, ya que anteriormente los vinos estadounidenses eran considerados de los peores. Pronto, el cabernet producido bajo la dirección de Chelychev se convirtió en el vino oficial para las recepciones de jefes de estado en la Casa Blanca.
Cuando Andrei Viktorovich tenía 85 años, le ofrecieron dirigir otra gran finca, pero se negó debido a su edad: "Hacer vino es como criar hijos. Hay que revisarlo cada semana para ver cómo se comporta. Y mis piernas ya tiemblan". Chelychev falleció en 1994, y en señal de respeto se le erigió un monumento en Napa.
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