Según la leyenda, el joven tornero de la escuela de ciencias matemáticas y náuticas, Andrey Nartov, atrajo la atención del propio Pedro I. El zar quedó impresionado por la inteligencia y el talento del joven de 19 años y ordenó su nombramiento en el taller de tornería del palacio. Fue allí donde comenzó su rápida carrera.
En ese momento, el oficio de tornero estaba poco desarrollado no solo en Rusia, sino también en Europa. Nartov inventó un torno copiador con un soporte automático, que permitía tornear piezas con mayor precisión y cuidado. Después de esto, lo enviaron a formarse en el extranjero, pero en realidad él mismo enseñó a especialistas extranjeros el oficio de tornero. Los maestros ingleses no pudieron reproducir su torno universal a partir de los planos y solo lograron repetir su invención 90 años después.
Sin embargo, la principal obra de la vida de Nartov fueron los desarrollos en el campo de la artillería. Creó una batería de tiro rápido, que en su tiempo era una verdadera maravilla de la ingeniería. En un escudo redondo se instalaron 44 morteros, que disparaban de forma alterna, mientras otros se limpiaban y recargaban. También propuso un método original para reparar grietas en los cañones, lo que permitió devolver a la operación a numerosos artefactos. Otro de sus inventos fue un visor óptico, que simplificó significativamente la puntería.
Los logros militares de Nartov hicieron de Rusia uno de los países más avanzados en el campo de la artillería. En reconocimiento a sus méritos, se le otorgaron 5 mil rublos y varias aldeas en el distrito de Novgorod. Sin embargo, la mayor parte de estos fondos no los gastó en diversiones, sino en sus desarrollos. El genial inventor falleció en 1756 a la edad de 63 años.
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