De la visita al cementerio de Montparnasse, que sin duda fue el evento principal, no esperaba nada especial. He visto tantas veces en fotos la tumba de Aléjin que parecía como si ya hubiera estado aquí. ¿Solo hacer una foto frente a la tumba para el libro? También quería fotografiar el famoso monumento para luego comparar cuán fielmente se había restaurado el relieve de mármol después del huracán de 1999, que dañó la lápida.
¿Qué se puede decir sobre Montparnasse? Los cementerios parisinos son conocidos desde hace tiempo como museos al aire libre, donde se puede pasear sin fin. Los lugareños vienen aquí como a un parque: abuelas pasean con carritos de bebés, parejas se abrazan en los bancos, y nadie les presta atención. Llegamos bastante temprano, estaba desierto, y no había a quién preguntar. Pero no fue necesario: encontramos la tumba de Aléjin sin dificultad, está a la derecha del círculo central, casi al final de la avenida Transversal.
El encuentro con el monumento fue un poco decepcionante: el dorado resultó ser demasiado brillante, sin la noble pátina, y Aléjin no se parece mucho a sí mismo, con la nariz levantada y un mechón rizado, y la mano derecha sobre el libro, como un escritor. ¿Acaso fue Abrahm Barats, el autor del relieve, quien se esforzó tanto? Es extraño, ya que lo conocía bien. Solo en Moscú, al comparar mis fotos con las imágenes del monumento antes del huracán, entendí que no era culpa de Barats, sino de los restauradores. ¡Qué torpe, si no decir burdo, fue el nuevo relieve!
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