¿Cómo se puede reanimar el corazón de una persona ya fallecida o revivir una cabeza separada del cuerpo? Estas preguntas suenan aterradoras, pero el fisiólogo ruso Alexey Alexandrovich Kulyabko conocía las respuestas. En 1893, se graduó de la facultad de medicina de la Universidad de Tomsk y se fue a una pasantía en Alemania. Al regresar, comenzó investigaciones científicas, centrándose en el trabajo del corazón.
El primer éxito fue la reanimación del corazón de un conejo cuatro días después de su muerte. Para poner en marcha el "motor", Kulyabko utilizó el método de perfusión, que implica la administración y circulación de sangre, soluciones de reemplazo sanguíneo y sustancias biológicamente activas. Para ello, aplicó una solución de Lokka calentada, saturada de oxígeno. Este experimento despertó el interés de la élite científica de Rusia, aunque no se pudo resucitar al conejo. El académico Ivan Pavlov señaló que esto abre posibilidades para investigaciones profundas que antes parecían imposibles.
Sin embargo, el verdadero avance fue la reanimación del corazón de un bebé de tres meses que había muerto de neumonía. El órgano fue entregado a Kulyabko 20 horas después de la muerte, y la pulsación del corazón continuó durante más de una hora. Esto ayudó a los científicos a comprender mejor cómo mantener la vida de una persona al borde de la muerte y, de hecho, devolverla a la vida.
Además, Alexey Alexandrovich estudió el sistema nervioso central y el cerebro. Utilizando la misma solución de Lokka, pudo reanimar una cabeza de pez aislada y restaurar la actividad del sistema nervioso central después de su cese. Estos experimentos inspiraron al escritor Alexander Belyaev a crear la trama de la obra "La cabeza del profesor Dowell". Alexey Kulyabko fue posteriormente reconocido como uno de los principales fisiólogos del mundo.
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