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María Dmitrievna Krivopolenova

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En 1915, la conocida folclorista y cantante Olga Ozarovskaya emprendió una expedición por la provincia de Arkhangelsk para encontrar nuevo material para sus actuaciones. En una de las aldeas pomor, una anciana local se acercó a ella pidiendo limosna. Ozarovskaya le dio dinero y, a cambio, escuchó una antigua canción, interpretada con una voz pura y una manera inusual. La artista, sorprendida, decidió organizar una gira para la abuela.

Ese mismo año, en la revista "Iskra" apareció una nota con una reseña: "Ante el éxito de la pequeña y delgada anciana en botas pintadas y un pañuelo colorido, se desvaneció el éxito incluso de Ozarovskaya". Así comenzó la fama de la ahora olvidada, pero en su tiempo legendaria cantante popular María Dmitrievna Krivopolenova.

María nació en 1843 en una familia campesina. Su abuelo, marinero y cazador, le enseñó a cantar. De él, recordó muchas canciones populares, cuentos, epopeyas y leyendas. A los 24 años, María Dmitrievna se casó, pero el matrimonio resultó ser un fracaso: su esposo no trabajaba y ella tenía que pedir limosna en las aldeas.

Encontró su vocación a los 72 años, al conocer a Ozarovskaya. Krivopolenova no solo cantaba maravillosamente, sino que también contaba de manera cautivadora antiguas epopeyas y cuentos de bufones. En sus historias, los héroes y las batallas épicas coexistían con campesinos, pescadores y cazadores, mientras que los zares, boyardos y comerciantes eran objeto de burla.

Otra característica de sus actuaciones era la adición de partículas a las terminaciones de los sustantivos: "patitas esas blancas", "conejito ese", "rey aquel". La investigadora de su obra, Ksenia Gemp, señalaba que Krivopolenova mantenía contacto con el público, les saludaba, sonreía ampliamente y a veces lanzaba palabras al pasar. Actuó hasta el final de su vida.

María Dmitrievna Krivopolenova falleció en 1924 en su tierra natal. Se dice que sus últimas palabras fueron: "Perdóname, toda la tierra rusa".

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