En la famosa obra "12 sillas", el conserje Tikhon le preguntaba a Ostap Bender: "¿Y qué medallas se otorgan hoy por el servicio de conserje?" En la Rusia pre-revolucionaria, el conserje no era solo un limpiador, sino un verdadero dueño del barrio. Los propietarios de casas y apartamentos se esforzaban por contratar a las personas más dignas. El conserje, además de mantener la limpieza, vigilaba el orden en la entrada y no dejaba entrar a desconocidos en el patio, especialmente a mendigos, gamberros, borrachos y personas sospechosas. Por la noche cerraba las puertas, pero permanecía en el lugar para ayudar a los inquilinos rezagados a llegar a casa.
También existía el cargo de conserje principal, que era el rey de su sección. Esta alta posición le permitía no ocuparse de la limpieza, sino controlar el trabajo de los empleados menores, mantener el orden y ayudar a los policías. El conserje principal llevaba libros de registro de la casa y supervisaba la residencia de los inquilinos. Conociendo a todos los propietarios de casa de vista, a veces informaba a la policía sobre personas poco fiables, como sospechosos revolucionarios. Se conoce el caso en que el conserje principal denunció a Lenin, y este tuvo que esconderse urgentemente de la policía.
Los conserjes recibían un salario relativamente bueno: un mínimo de 20 rublos, y el conserje principal, 50 rublos. Con las propinas, al final del mes se acumulaba una suma considerable. Los conserjes debían verse pulcros y serios, llevaban gorras y delantales blancos con una placa que tenía el número de la casa. El historiador Alexander Muzafarov escribió en su libro "11 mitos sobre Rusia": "A principios del siglo XX, el conserje no era un marginal o un trabajador migrante. Era un trabajo bien remunerado y respetado. ¿Quizás por eso estaba limpio?"
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