En 1893 se publicó un único compendio científico, Catálogo de terremotos del Imperio Ruso. Los autores recopilaron amplios datos, desde crónicas hasta la modernidad, para determinar las regiones más sísmicamente peligrosas del país. Notaron que la actividad sísmica y los procesos orogénicos tienen una naturaleza geodinámica común. Una contribución especial fue hecha por el físico Boris Borisovich Golicyn, graduado de la Universidad de Estrasburgo.
Golicyn, siendo un científico "no de gabinete", prefería estudiar fenómenos en el lugar. Por su iniciativa, se comenzó a construir en el Imperio Ruso una red de estaciones sísmicas en regiones con posibles terremotos, prestando especial atención al Cáucaso, Asia Central y la provincia de Tomsk. En Berdsk, el 3 de marzo de 1882, los habitantes escucharon un retumbo subterráneo y sintieron fuertes sacudidas que hicieron temblar las paredes. Golicyn propuso registrar todos los temblores, incluso los débiles, en 22 estaciones. Inicialmente se utilizaron péndulos de resortes, que aunque eran poco efectivos, aún registraban las oscilaciones.
Más tarde, Golicyn mejoró significativamente el equipo. Los sismógrafos rusos se convirtieron en los más precisos del mundo, y rápidamente comenzaron a ser adquiridos por Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Suiza y Francia. Gracias a la alta sensibilidad y la capacidad de los instrumentos para amortiguar sus propias oscilaciones, los científicos obtuvieron datos de calidad sobre las ondas sísmicas.
Las observaciones de las estaciones rusas en Ekaterimburgo e Irkutsk ayudaron a descubrir el núcleo interno de la Tierra. Boris Golicyn se convirtió en un experto mundial líder en sismología, y científicos de diferentes países acudían a él en busca de consultas. Desde 1912, dirigió la Asociación Sismológica Internacional. Desafortunadamente, mucho quedó sin realizar, ya que falleció en 1916 a la edad de 54 años.
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