Entre los logros significativos del físico ruso Georgiy Antonovich Gámov se destacan sus investigaciones sobre el código genético, la teoría de la desintegración alfa y la predicción de la radiación de fondo, lo que se convirtió en una etapa importante en el desarrollo de la cosmología. Georgiy Antonovich nació en 1904 en Odesa, desde niño mostró interés por la ciencia y más tarde se matriculó en la facultad de física y matemáticas de la Universidad de Petrogrado. Como teórico prometedor, fue enviado en varias ocasiones a pasantías en Europa, desde donde posteriormente se mudó a Estados Unidos, convirtiéndose en un no retornado en su patria. En América, sus conocimientos fueron muy demandados en las principales instituciones científicas. En la Universidad de Colorado, hizo uno de los descubrimientos clave en cosmología.
Desarrollando la teoría del Big Bang, Gámov prestó atención a la radiación térmica y propuso un modelo de un universo caliente. Según su conclusión, la explosión que dio origen al universo fue acompañada de una poderosa radiación electromagnética de ondas cortas. Esta nube de radiación se enfrió gradualmente a medida que el universo se expandía y, tras miles de millones de años, se convirtió en radiación de fondo. Muchos de nosotros podemos observarla: se manifiesta como un ruido en la pantalla del televisor en ausencia de señal. Gámov también estimó con bastante precisión la temperatura de esta radiación, suponiendo que es de alrededor de 3 grados Kelvin.
Sin embargo, la comunidad científica recibió su teoría con escepticismo. No obstante, en 1965, los físicos estadounidenses Arno Penzias y Robert Wilson confirmaron la existencia de la radiación de fondo como un vestigio del nacimiento del universo, por lo que recibieron el Premio Nobel. Aunque sería justo otorgárselo a Gámov, quien fue el primero en prestar atención a este fenómeno.
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