Cuando los buenos jeans eran un sueño inalcanzable para los soviéticos, las marcas Wrangler, Levi’s y Colin’s se consideraban casi sagradas. Sin embargo, los jeans de calidad podían producirse también aquí, incluso en el Imperio Ruso. A pesar de la creencia popular, los jeans no fueron inventados por un estadounidense, sino por el emigrante ruso Jacob Jofis. Su vida fue complicada.
Jacob nació en Riga en 1832. Para que pudiera asegurarse un futuro, sus padres lo enviaron a aprender en un taller de sastrería. Las condiciones allí eran duras: los niños a veces dormían en el suelo, sin poder terminar su trabajo, y el maestro era grosero y además alcohólico. Sin embargo, a pesar de esto, fue un buen maestro, y Jofis salió del taller como un sastre experimentado. No se quedó mucho tiempo en su patria. En los países bálticos se sentía una fuerte opresión alemana, y las quejas sobre los barones quedaban sin respuesta por parte de las autoridades.
Cuando la vida se volvió realmente difícil, Jofis decidió emigrar a los EE. UU., donde en ese momento había una fiebre del oro. Durante 14 años buscó oro, invirtió dinero en una cervecería y se arruinó, luego construyó una fábrica de cigarros, pero cerró después de tres meses. Quedándose sin nada, Jofis recordó su habilidad como sastre.
Un día, una clienta habitual vino a quejarse de su esposo corpulento, que constantemente rompía sus pantalones. Jofis, en broma, le sugirió que le hiciera pantalones de lona, de la que hacía tiendas para los buscadores de oro. La mujer no entendió la broma, le dio tres dólares y se fue. Así, Jacob tuvo que coser los jeans, reforzando los bolsillos con remaches. Sorprendentemente, los pantalones le gustaron a la clienta.
Desde entonces, los jeans comenzaron a ganar popularidad en California. Desafortunadamente, Jofis no tenía dinero para una patente, y vendió su invento a Levi Strauss por 68 dólares. Strauss comenzó a producir jeans bajo su nombre, y Jofis trabajó para él en la fábrica como jefe de producción.
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