Serguéi Ivanovich Shchukin, conocido coleccionista ruso, aconsejaba a su hija comprar cuadros que provocaran un shock psicológico. Desde 1897 hasta 1914, reunió la colección de impresionistas y postimpresionistas más cara del mundo. Según la casa de subastas Sotheby's, en 2012 su valor se estimaba en 8,5 mil millones de dólares estadounidenses.
Shchukin no solo disfrutaba de sus obras de arte en soledad, sino que también buscaba hacerlas accesibles al público en general. Invitaba a los jóvenes, especialmente a los estudiantes de escuelas de arte, a ver los cuadros. Sin embargo, la dirección de las instituciones educativas prohibía a los alumnos visitar su casa en Znamenka, temiendo que esto pudiera arruinar su gusto. No obstante, la influencia de su colección pudo haber jugado un papel significativo en el desarrollo de la vanguardia en Rusia en las décadas de 1920 y 1930.
Cuando Shchukin mostraba un nuevo cuadro, esperaba que los invitados quedaran impactados, y con ironía decía: «¡Un loco pintó, un loco compró!» Los ciudadanos murmuraban que las tragedias en su familia estaban relacionadas con los cuadros en su casa. Sus dos hijos y su hermano Iván se suicidaron, y su joven y amada esposa falleció. Tras su muerte, Shchukin legó su colección a la Galería Tretiakov, pero después de la revolución fue nacionalizada.
Serguéi Ivanovich murió en 1936 en París y fue enterrado en el cementerio de Montmartre.
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