La aldea de Alexeiev, perdida en los vastos espacios de Yaroslavl, como cualquier rincón de Rusia, guarda su pasado. Sin embargo, para conocerlo, es necesario hacer un esfuerzo, ya que los ancianos se van, y la verdad se distorsiona y se olvida, convirtiéndose en leyendas.
La mansión y la casa misma han sido objeto de múltiples cambios. Originalmente, la casa era de tres pisos: los dos primeros eran de piedra, y el tercero, de madera. En el primer piso se encontraban las salas principales: una sala de estar y un gran comedor con cocina. El segundo piso estaba ocupado por los aposentos privados del propietario, su esposa e hijas, así como habitaciones para los huéspedes. En el tercer piso se alojaba el servicio. Dos amplias escaleras conducían al segundo piso, y una al tercero. La casa contaba con 12 estufas que proporcionaban calor.
La mansión era rica: había establos, un establo de vacas, un gallinero, así como un gran jardín y parque, reconocido como monumento natural de importancia regional. En el área del parque, los lugareños excavaron un estanque redondo, cuyo fondo fue revestido con baldosas por un lado. En la casa trabajaba mucho personal, entre los cuales solo había dos hombres: un vigilante y un conserje. La familia del propietario estaba compuesta por él mismo, su esposa y, según cuentan los lugareños, hijas consentidas. El propio terrateniente, aunque disfrutaba de diversiones, era amable con los campesinos y gozaba de su respeto.
En la época soviética, la casa de los nobles se utilizó como residencia estudiantil, luego se convirtió en una escuela internado y más tarde, en un campamento infantil.
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