En la historia del GULAG hubo varias fugas desesperadas y audaces, pero una de las más cuidadosamente preparadas e ingeniosas ocurrió en julio de 1934. Entonces, tres conocidos prisioneros, los atletas Solonevich, escaparon del Canal Blanco. Iván, Boris y Yuri, nacidos en Grodno, se hicieron famosos como luchadores de levantamiento de pesas. Durante la Guerra Civil apoyaron a los blancos, pero no pudieron abandonar Rusia. Gracias a sus conexiones deportivas, lograron conseguir trabajo en la URSS como entrenadores e instructores. Iván incluso desarrolló un curso de "Autodefensa y ataque sin armas", convirtiéndose en uno de los fundadores del sambo. Sin embargo, no sentían simpatía por el poder soviético.
En los años 30, cuando las represiones se intensificaron, los Solonevich se encontraron en el Canal Blanco, donde idearon su fuga. Iván propuso al jefe del campo organizar una espartakiada para demostrar cómo se rehabilitan las personas en el GULAG. El jefe aceptó, firmó los documentos y permitió seleccionar a los atletas sin escolta. Durante este tiempo, los Solonevich prepararon un escondite con provisiones, estudiaron el terreno y los puestos de guardia, y planificaron la ruta.
La fuga estaba programada para la mañana del 28 de julio, pero unos días antes, Boris fue enviado a otro sector. Prometió que aún así escaparía y acordó encontrarse con sus hermanos en Finlandia. Iván y Yuri se dieron permisos de trabajo para que su ausencia no fuera notada de inmediato. Los primeros días se movieron por la vía del tren, para que los perros no pudieran seguir su rastro. Pasaron la noche en el bosque, cubriéndose con ramas y musgo, y cruzaron frías ríos y lagos del norte. Después de 16 días, alcanzaron su objetivo, y pronto Boris se unió a ellos. Después de la fuga, vivieron un tiempo en Alemania, y luego Iván se mudó a Argentina. En el extranjero, Solonevich escribió la obra "Rusia en el campo de concentración".
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