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Románov Georgiy Aleksandrovich

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En Pascua de 1893, Alejandro III le regaló a su esposa María Fiódorovna un regalo inusual: un huevo de Fabergé con patas de oro. En miniaturas de marfil estaban representados el palacio de Abastumán y el retrato de su hijo, el Gran Duque Georgiy. Jorge, como lo llamaban en la familia, era el hijo más querido y se preparaba para el trono imperial, pero el destino dispuso que su hermano Nicolás ocupara el trono.

Desde niño, Georgiy se destacaba por su fuerza física y era el principal animador entre los hijos de Alejandro III. También poseía agudeza mental, y Nicolás solía anotar sus bromas y aforismos. Estas notas las guardaba en una caja que llamaba la Caja de Curiosidades. Se dice que, al convertirse en emperador, Nicolás a veces las leía de nuevo y se reía.

Georgiy era un joven talentoso, estudiaba bien, hablaba varios idiomas y estaba especialmente interesado en la historia. Su tutor era el propio Vasili Kliuchevski. A pesar de que Georgiy y Nicolás eran hijos del jefe del estado, vivían en condiciones sencillas: se levantaban a las 6 de la mañana, hacían ejercicios, desayunaban gachas y para el almuerzo comían sopa con croquetas. Parecía que Georgiy era un heredero feliz y saludable.

Sin embargo, en 1890, durante un crucero por el océano Índico, su salud se deterioró drásticamente. No pudo salir de su camarote por sí solo. En Rusia, los médicos le diagnosticaron tuberculosis. A Georgiy le aconsejaron cambiar de clima, y se fue al palacio de Abastumán en Georgia. Allí, en un valle a 4000 pies sobre el nivel del mar, había un invierno suave y un verano fresco, y el bosque de pinos debía ayudarle a recuperar su salud.

Al principio, Georgiy realmente se sintió mejor. Sus padres le escribían regularmente, interesándose por su bienestar. Pero a Jorge no le estaba destinado vivir mucho tiempo. Sobrevivió a su padre solo cinco años y murió a los 28. Ahora solo queda especular cómo habría sido la historia si en febrero de 1917 él hubiera ocupado el trono.

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