El cobertizo de bomberos era una construcción pública, perteneciente a la comunidad campesina. A finales del siglo XIX y en la primera parte del XX, tales edificaciones generalmente se ubicaban en el centro de la aldea o en sus alrededores. El cobertizo, de 7,6 metros de altura, era una cabaña de cuatro paredes de 5,7 por 7,5 metros, con un techo de estructura de vigas. A menudo, el cobertizo de bomberos contaba con una torre con campana. Si no había torre, la campana para dar la señal de alarma se colgaba en un poste cerca del cobertizo.
Cada aldea tenía su propio conjunto de herramientas contra incendios, cuya cantidad podía variar. En el cobertizo también se almacenaban vehículos de verano e invierno con equipo para apagar incendios. Dependiendo de la época del año, las herramientas de bomberos se colocaban en una carreta o en un trineo. Se sabe que en el cobertizo de bomberos del pueblo de Mintsí había una carreta con una bomba, mangueras, cubos, un barril y garfios. El lugar central lo ocupaba la carreta de bomberos.
Los campesinos consideraban el fuego como una grave calamidad y luchaban contra él no solo con herramientas, sino también con la ayuda divina. En las aldeas se veneraba el ícono de "La Zarza Ardiente", que se consideraba protectora contra incendios. Su día de conmemoración se celebraba el 17 de septiembre. El ícono estaba presente en casi todas las casas, y hay información de que también se encontraba en el cobertizo de bomberos.
Para evitar incendios, la comunidad campesina organizaba guardias nocturnas. El residente que le tocaba hacer de vigilante recorría la aldea con un garrote y daba la señal de alarma. La participación en la extinción de incendios era obligatoria para todos los adultos. Frente a cada casa había un barril con agua o arena, y el propietario tenía su propio equipo: cubos, hachas, garfios. En las casas se colocaban tablones con la imagen del objeto que el propietario debía llevar al incendio. Las herramientas de bomberos se utilizaban únicamente para apagar incendios y no se empleaban para necesidades domésticas. Siempre debían estar en buen estado, la bomba se cubría para protegerla del polvo, y el propio cobertizo se mantenía limpio. Los barriles siempre estaban llenos de agua, excepto durante las heladas, cuando el cobertizo no se calentaba. La existencia de un cobertizo de bomberos con un vigilante nocturno aseguraba la advertencia y extinción oportuna de incendios en la aldea.
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