El riesgo es un asunto delicado y peligroso, pero a veces, por salvarse a sí mismos o a sus seres queridos, las personas están dispuestas a hacer mucho. Los médicos a menudo se encuentran en la primera línea de la lucha por la vida humana. En 1832, el joven doctor Andrei Wolf realizó una operación única y bastante arriesgada.
Trabajando como obstetra en un hospital de San Petersburgo, recibió un llamado para atender a una mujer en parto que estaba desangrándose. La mujer estaba al borde de la muerte, y su esposo suplicaba a los médicos que hicieran todo lo posible para salvarla. Las posibilidades eran escasas, pero Andrei Martynovich decidió arriesgarse, recordando un experimento científico que había visto durante sus estudios en Inglaterra: la transfusión de sangre. Esto era peligroso, ya que en Rusia no se había realizado antes, y en ese momento no se conocían los diferentes grupos sanguíneos. Wolf se decidió, tomó sangre del esposo de la parturienta y la transfundió con éxito a la mujer, quien sobrevivió.
Sin embargo, esta operación única fue olvidada durante muchos años. Algunos científicos de la época incluso afirmaban que algo así no había ocurrido en Rusia. Andrei Wolf, apoyándose en su mentor científico Stepan Khotovitsky, a menudo discutía con médicos conocidos. Se oponía a la transfusión de sangre de animales a humanos, apoyaba el uso de jeringas que evitaban el contacto de la sangre con el aire, y afirmaba que los tubos de los aparatos de transfusión no debían llenarse de agua. Estas ideas fueron confirmadas por años de práctica.
Según los datos disponibles, Wolf realizó seis transfusiones de sangre a diferentes personas, pero su estado sigue siendo desconocido. La validez de Wolf fue demostrada varias décadas después, pero sus oponentes ya no lo supieron. Sin embargo, en la historia se ha conservado la dirección exacta de la primera transfusión de sangre en Rusia: San Petersburgo, Avenida Lermontovsky, 9.
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