Durante su destacada carrera estatal, Piotr Arkadyevich Stolypin se convirtió en uno de los principales objetivos para los revolucionarios, sobreviviendo a 11 atentados conocidos, el último de los cuales resultó mortal. Este sorprendente hombre gozaba de una gran confianza por parte de Nicolás II, pero al mismo tiempo provocaba un odio feroz en muchos, desde terroristas hasta altos funcionarios. La razón de tal odio es simple: Stolypin siempre buscó fortalecer a Rusia, sin dejar espacio para el enriquecimiento personal de los ejecutores. Con cada ascenso y paso exitoso, el odio hacia él crecía, y el número de atentados aumentaba.
El primer atentado conocido contra Stolypin ocurrió en Saratov, donde era gobernador. Durante una visita a la provincia en revuelta, un desconocido le disparó dos veces, pero falló. Stolypin, desarmado, no solo no intentó refugiarse, sino que se lanzó a la persecución del criminal; sin embargo, alguien de los funcionarios que lo acompañaban lo detuvo. Poco después, se cometió otro atentado contra él: un terrorista lanzó una bomba mientras Stolypin hablaba en la plaza del teatro, pero los fragmentos no lo alcanzaron.
Además de estos atentados en Saratov, hubo al menos otros dos intentos. Uno de ellos se logró prevenir con antelación, y durante el segundo, Stolypin abrió su abrigo y, mirando a los ojos del asesino, dijo en voz alta: "¡Dispara!" El terrorista quedó tan impactado por su valentía que palideció, bajó el revólver y lo dejó caer.
Desafortunadamente, tras el traslado de Stolypin a la capital, los atentados no solo no cesaron, sino que se intensificaron. De esto hablaré en la segunda parte de nuestra historia.
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