Stanislav Kurilov pertenecía a ese pequeño grupo de valientes que se atrevían a enfrentarse al poder injusto. Su increíble salto al océano desde el barco soviético y su travesía de dos días hacia las desconocidas Filipinas, es un acto que solo podría realizar un intelectual ruso, deportista y yogui. Vasily Aksyonov lo describió como un eterno rebelde, recordando que la intelectualidad rusa no debe olvidar a sus héroes, que no son muchos.
Sin poder salir legalmente de la URSS, Kurilov durante mucho tiempo ideó un plan de escape, que se llevó a cabo de manera espontánea cuando se enteró de un crucero en el barco 'Unión Soviética' en diciembre de 1974. Dado que el barco no hacía escala en puertos extranjeros, no se requería visa de salida para el viaje.
El 13 de diciembre de 1974, tras calcular cuidadosamente la ruta, Stanislav saltó desde una altura de más de 12 metros desde la popa del barco. Evitando con éxito las hélices, se puso aletas, máscara y tubo y se lanzó al agua hacia la costa. Nadó casi tres días sin dormir, comer ni beber, hasta que alcanzó la isla Siargao en Filipinas. Debido a las difíciles condiciones de navegación y las corrientes, los 18 kilómetros planeados se convirtieron en casi 100. Kurilov explicaba su resistencia por sus años de práctica de yoga.
Después de una investigación de las autoridades filipinas y un breve encarcelamiento, fue deportado a Canadá, donde obtuvo la ciudadanía. La estación de radio 'Voz de América' informó sobre su fuga, y en la URSS fue condenado en ausencia a 10 años de prisión por traición a la patria.
Stanislav Kurilov falleció el 29 de enero de 1998 durante trabajos de buceo en el lago Tiberíades, atrapado en redes y agotando todo el aire. Fue enterrado en Jerusalén en el cementerio de la comunidad alemana de templarios.
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