El 17 de octubre de 1888, el tren en el que el zar Alejandro III regresaba con su familia tras unas vacaciones en Crimea, se salió de las vías. Como resultado de la catástrofe, 21 personas murieron. La causa oficial de la tragedia fue atribuida a una combinación de factores, incluyendo el exceso de velocidad y fallos en las vías. Tras la investigación, el ministro de ferrocarriles, Konstantin Posiét, fue destituido.
Paralelamente a la investigación oficial, la policía secreta inició la suya, ya que inmediatamente después del accidente algunos de los heridos gritaban sobre un atentado y una explosión. Los detectives descubrieron que el descarrilamiento fue causado por la explosión de una bomba colocada por un ayudante de cocina vinculado a la organización revolucionaria 'Tierra y Libertad'. Al instalar el artefacto explosivo con un mecanismo de relojería, el cocinero se bajó del tren en la estación más cercana y luego huyó a Rumanía, y más tarde se trasladó a Francia.
Estos datos fueron encontrados en los documentos del general de gendarmería Nikolai Selivérstov, asesinado en París, quien se ocupaba de vigilar a los emigrantes rusos revolucionarios y sabía de los atentados que se estaban preparando. Un día, la policía francesa lo encontró con un disparo en la cabeza en un hotel.
Entre los papeles del asesinado se halló una fotografía del mismo ayudante de cocina, que había desaparecido unas horas antes del descarrilamiento. En el reverso de la foto había una nota que decía que había aparecido en París y estaba dispuesto a revelar todos los secretos de la catástrofe. Se ordenó interrogar al cocinero, pero cuando la policía llegó a la dirección indicada, él también fue encontrado con un disparo en la cabeza. Se encontró al asesino del gendarme ruso, pero este crimen resultó no estar relacionado con el descarrilamiento del tren. Queda como un misterio quién eliminó al potencial terrorista.
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