El 15 de junio de 1894, en la familia del assessor colegiado Mijaíl Ivánov y su esposa Elena Nikanorovna, nació la esperada hija, a quien llamaron Rimma. Desde temprana edad, mostró un carácter inquieto, travieso y una increíble actividad. Cuando se le preguntaba qué quería ser de mayor, Rimma respondía sin dudar: "¡Soldado!". Realmente era valiente y desinteresada. Se conoce un caso en el que, la víspera de su graduación en el gimnasio, paseando con una amiga por el malecón, Rimma vio a una persona que se estaba ahogando y, sin pensarlo, se lanzó al agua con su vestido para salvarlo.
Sin embargo, su mayor hazaña ocurrió en el frente de la Primera Guerra Mundial, a donde fue enviada como enfermera. Rimma fue asignada al 83º Regimiento Samur y se convirtió en su símbolo y talismán. No temía arrastrarse por el campo de batalla para salvar a los heridos, y una vez incluso tendió un cable bajo el fuego enemigo. En poco tiempo, fue condecorada con dos Cruces de San Jorge. Desafortunadamente, la suerte no duró mucho.
El 9 de septiembre de 1915, cerca de la aldea de Mokráya Dubróvka, estalló una feroz batalla. Los alemanes eliminaron a todos los oficiales de la 10ª compañía, donde Rimma servía como enfermera. Los soldados rusos, en pánico, comenzaron a retirarse, pero Rimma, saliendo de la trinchera, gritó: "¿A dónde van? ¡Aquí hay heridos!" y se lanzó a salvar a los combatientes. Inspirados por su heroísmo, los soldados la siguieron, y el ataque se convirtió en un combate cuerpo a cuerpo, como resultado del cual nuestras tropas desalojaron al enemigo de sus posiciones.
Desafortunadamente, Rimma recibió una herida mortal en el muslo y falleció en el camino al hospital. Póstumamente, fue condecorada con los más altos honores. Su hazaña fue ampliamente cubierta en los periódicos, e incluso la Cruz Roja del Kaiser expresó su protesta, afirmando que "las enfermeras no deben realizar hazañas en el campo de batalla". El nombre de Rimma Ivánova no ha sido olvidado: en 2018, se inauguró solemnemente su busto en Stavropol.
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