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Alekhine Alexander Alexandrovich

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Alexander Alekhine nació el 19 de octubre de 1892 en Moscú. Era una persona tranquila y reflexiva, y en su familia lo llamaban Tisha. En el gimnasio estudiaba bien, conocía idiomas extranjeros y leía mucho. Sin embargo, su principal pasión eran los ajedrez, que su madre, Anisya Ivanovna, de soltera Prokhorova, le enseñó a los seis años.

La primera victoria de Alexander la obtuvo a los 16 años en el Congreso Internacional de Ajedrez en San Petersburgo, donde recibió un premio, un jarrón de porcelana del emperador Nicolás II. En ese momento competía como aficionado.

En 1914, tras graduarse de la Escuela de Derecho de San Petersburgo, participó en un torneo internacional, ocupó el tercer lugar y se convirtió en gran maestro, comenzando su carrera como jugador profesional.

La Primera Guerra Mundial lo sorprendió en Mangelheim, donde fue internado junto con otros participantes del campeonato. Después de su liberación, Alekhine continuó jugando activamente, destinando parte de sus ganancias a un fondo de ayuda para ajedrecistas rusos en Alemania. En 1916, se alistó voluntariamente en el frente, y tras sufrir su segunda contusión, regresó al ajedrez.

Con la llegada de la revolución, perdió su título nobiliario y su fortuna. En 1919, la Cheka lo sospechó de espionaje y lo condenó a muerte, de la cual Alekhine se salvó gracias a la intervención de un desconocido benefactor.

En 1921, salió legalmente de la Rusia Soviética para participar en torneos y se estableció en París, donde pasó gran parte de su vida en el exilio.

En 1929, organizó un match con el cubano José Raúl Capablanca, que se llevó a cabo del 16 de septiembre al 29 de noviembre y terminó con una victoria total de Alekhine. Esta partida le otorgó el título de campeón del mundo, y estaba feliz: "Finalmente, el sueño de mi vida se ha hecho realidad, y he podido cosechar los frutos de mis largos trabajos y esfuerzos".

Tanto en Rusia como fuera de ella, los éxitos de Alekhine fueron recibidos con orgullo, ayudando a mantener un sentido de dignidad nacional. Tenía una memoria extraordinaria y un estilo de juego único. Sus contemporáneos destacaban su atención a los detalles, y su "talismán" era un gato siamés llamado Chess.

El gran ajedrecista murió en 1946 en París, permaneciendo como campeón del mundo invicto.

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