En 1908, en San Petersburgo, se publicó el primer número de una edición que se convertiría en uno de los monumentos más singulares del final del imperio. «Libro de la tristeza rusa» es una recopilación documental y literaria dedicada a la memoria de las víctimas del terror revolucionario; en total, desde 1908 hasta 1914, se publicaron catorce números, impresos en diferentes imprentas de San Petersburgo.
Fue preparado por una comisión editorial creada por decisión de la Cámara Principal de la Unión Popular Rusa en nombre de Miguel Arcángel: el presidente era el diputado de la Duma Estatal V. M. Purishkevich, y los secretarios - primero N. A. Kazarinova, luego N. M. Yuskevich-Kraskovsky.
La idea era simple y, en cierto modo, grandiosa: reunir bajo una misma cubierta las biografías de todos los asesinados, desde ministros hasta policías. El primer número se abría con ensayos sobre la muerte de Alejandro II y el gran duque Sergio Alexandrovich, el segundo - sobre el ministro del Interior V. K. Pleve. Pero junto a los nombres sonoros estaban los gendarmes, los funcionarios, los agentes, los ancianos rurales, testigos ocasionales de los atentados. Cada ensayo iba acompañado de un retrato; para muchas de las víctimas provinciales, esto resultó ser la única imagen que había sobrevivido.
Los editores no ocultaban la tarea ideológica. La meta de la recopilación la formulaban como el deseo de conservar para siempre en la memoria popular los nombres de aquellos que murieron por la ortodoxia, el autocracia y la nacionalidad rusa. El título completo - «Monumento a los patriotas rusos que murieron en la lucha contra el enemigo interno» - no dejaba dudas: ante el lector no había una crónica neutral, sino un instrumento de una política de derecha, de origen negrocienciado, donde el terror se presentaba no como consecuencia de una crisis, sino como una invasión de una fuerza ajena.
El proyecto se interrumpió por la guerra. A principios de 1914, los materiales para varias centenas de biografías aún permanecían sin publicar, y después de 1917, la mera mención de los héroes del libro se volvió imposible. Hoy en día, los números han sido digitalizados y reeditados en reimpresiones. Para el historiador, es una fuente de doble propósito: un compendio de datos fácticos sobre el terror de los años 1900 y un molde exacto del lenguaje con el que la Rusia de derecha describía su propia destrucción.
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