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«Huevo de Invierno» de Fabergé

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Entre todos los huevos creados por la firma Fabergé para la Casa Imperial, el más original fue el «Huevo de Invierno». Nicolás II no escatimó en gastos y pagó a Karl Fabergé una suma récord, superando todos los gastos anteriores en tales productos. La autora de esta obra maestra de renombre mundial fue la joven Alma Pihl, cuyo nombre quedó casi olvidado tras la revolución. El año 1913 fue especial para Rusia: en primavera se celebraba el 300 aniversario de la dinastía Romanov, y Nicolás II quería hacer un regalo de Pascua especial a su madre, la emperatriz María Fiódorovna. Ese regalo fue el «Huevo de Invierno», una de las creaciones más impresionantes y valiosas de Fabergé.

Alma nació en 1888 en Moscú en una familia de joyeros de tradición, que se mudó a Rusia desde Finlandia. Su padre dirigía la sucursal de Moscú de los talleres Fabergé, y su abuelo, el joyero August-Wilhelm Holmström, tenía un taller en San Petersburgo. El destino predestinó a Alma a convertirse en joyera. Después de trabajar como dibujante en el taller de su tío Albert Holmström, fue contratada por la firma Fabergé en 1909. Fue un caso único: Alma Pihl, artista autodidacta, se convirtió en la primera y única mujer diseñadora que trabajó en Fabergé.

El «Huevo de Invierno» se distingue por su singularidad. Su cáscara está hecha de cristal de roca transparente, un material muy frágil, e incrustada con pequeños diamantes (alrededor de 1300 piezas), que crean un patrón que recuerda a un diseño helado. La base del huevo también está hecha de cristal de roca y se asemeja a un trozo de hielo derritiéndose, por el que fluyen «arroyos» de platino y diamantes.

En 2002, el «Huevo de Invierno» fue puesto nuevamente a la venta, y fue adquirido por el emir de Catar, Hamad bin Khalifa Al Thani, por 9,6 millones de dólares. El huevo sigue formando parte de su colección.

Punto geo

«Зимнее яйцо» Фаберже

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