Alexandra Alexandrovna Yablochkina vivió una vida larga y llena de eventos. Debutó en el teatro en 1885 y continuó actuando hasta 1963. Yablochkina abordaba sus papeles con gran responsabilidad. Por ejemplo, para interpretar a María Estuardo en la obra de Schiller, estudió literatura histórica, investigó los trajes de la época y consultó a profesores de la Universidad de Moscú.
Prestaba especial atención a los gestos y a la dicción clara. Sus colegas destacaban su magnífica dicción. Las funciones en las que participaba siempre atraían salas llenas. Sin embargo, Yablochkina no siempre estaba satisfecha con sus papeles. Soñaba con tragedias, pero debido a su apariencia y temperamento, la invitaban más a vodeviles.
No obstante, el público y sus colegas la recordaban no solo por su talento, sino también por su excelente sentido del humor. Le gustaba burlarse del poder soviético. Una vez, al responder a una pregunta sobre el comunismo, dijo que habría abundancia de productos, que cada uno podría tener su casa, y que en las calles habría limpieza y orden. "En general, como en tiempos del zar", concluyó.
Otro caso divertido ocurrió cuando la premiaron con un diploma honorario. Yablochkina agradeció irónicamente al gobierno: "Gracias por el premio, ya que en tiempos del zar nos humillaban con limosnas: ya sea con dinero, ya sea con una casa o un caballo. ¡Lo gasté todo! Pero esto, es para toda la vida".
En un banquete en el Salón Columnario del Kremlin, cuando tenía 93 años, la presentaron a Gagarin y Titov. Después de hablar con ellos, de repente exclamó: "¡No entendí algo! No me dijeron en qué regimiento sirven estos jóvenes tenientes". Así era Yablochkina, quien comenzó su carrera aún bajo Alejandro III.
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