Vladimir Baranovski vivió solo 33 años, pero logró hacer una contribución significativa a la ciencia nacional. Inventó un motor a aire comprimido, un motor neumático para submarinos, una máquina de desagüe para minas de oro y mucho más. Sin embargo, su proyecto principal fue el cañón de alta cadencia.
Baranovski tomó como base la ametralladora del diseñador estadounidense Gatling, transformándola en un arma de artillería y añadiendo varias mejoras técnicas, como un afuste sin retroceso y una mira óptica. Esto permitió aumentar significativamente la precisión de tiro, ya que antes los artilleros usaban una simple mira. El cañón podía disparar de 5 a 6 veces por minuto, lo que fue un verdadero avance para la época.
En 1875 se realizaron las primeras pruebas oficiales bajo la supervisión del ministerio de guerra. Para comparación, se trajo un cañón alemán de Krupp, pero el cañón ruso lo superó en todos los parámetros y fue reconocido como el mejor. También se desarrollaron sus modificaciones: cañón de montaña, de caballería y naval.
El cañón recibió su bautismo de fuego en la guerra ruso-turca, donde demostró su valía, aunque también se revelaron algunos defectos. En particular, los proyectiles unitarios resultaron ser imperfectos: durante el transporte se abollaban y se volvían inutilizables para el disparo.
Se informó a Baranovski sobre estos problemas, y decidió investigar personalmente. Los proyectiles abollados fueron enviados a él desde el frente, y, según algunos informes, uno de los cañones detonó espontáneamente, matando a su creador. Sin embargo, los inventos de Baranovski estaban adelantados a su tiempo, y sus cañones de alta cadencia se utilizaron en el ejército hasta el final de la guerra ruso-japonesa.
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