Algunos habitantes de Tomsk afirman que el espíritu de su ciudad se refleja en la arquitectura de madera. Esto es en parte cierto, ya que Tomsk realmente impresiona con su única arquitectura antigua. Sin embargo, entre otros edificios hay algunos que más bien asustan, como la casa en la calle Krylova, 26. Sus paredes torcidas, el techo roto y los pisos destrozados no invitan a entrar. Sin embargo, este edificio ha dejado una huella notable en la historia rusa.
En su día, fue parte de la mansión del industrial del oro tomskense Semión Feofanovich Jromov, a quien en 1858 llegó el anciano Feodor Kozmin. El destino de este hombre sigue envuelto en numerosos misterios y leyendas. Se sabe que en 1836 fue detenido en los Urales como una persona que ocultaba su origen, tras lo cual fue enviado a Siberia y finalmente llegó a Tomsk. El anciano Feodor llevaba una vida ascética, era amable y ganó el respeto de los lugareños por sus buenos consejos. Sin embargo, se diferenciaba de otros viajeros por su dominio de varios idiomas extranjeros, su porte de oficial, sus modales nobles, su elocuencia y su interés por las ciencias. Así surgieron rumores de que no era otro que el desaparecido Alejandro I.
Con el tiempo, se construyeron dos celdas para Feodor Kozmich: una en el jardín de la mansión Jromov y la otra, de verano, en la finca del comerciante Jromov a orillas del río Ushayka (hoy en día el área del asentamiento de Vostochniy). En estas celdas vivía alternativamente, oraba fervientemente, dormía en el suelo desnudo, colocando un tronco bajo su cabeza, y escuchaba atentamente a cada peregrino. El anciano falleció el 20 de enero de 1864 a la edad de aproximadamente 87 años, lo que podría coincidir con la edad del emperador.
Tras su muerte, Jromov descubrió entre las pertenencias personales de Feodor un documento sobre el matrimonio del emperador Alejandro I con un sello, una cadena de la Orden de Andrés el Primero Llamado y un papel con el monograma real en forma de la letra 'A'. La cadena de la Orden de Andrés el Primero Llamado encontrada permite suponer que en la vida mundana el anciano Feodor pudo haber sido galardonado con esta máxima orden de Rusia, que rara vez se otorgaba y no estaba al alcance de las personas comunes. ¡Así es como surge una hermosa leyenda!
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