El 5 de septiembre, a seis verstas de Kerenks, en la provincia de Penza, en el paraje de Pobitom, los bolcheviques asesinaron brutalmente a 10 terratenientes locales, apuñalándolos con bayonetas y golpeándolos con culatas. Los cuerpos de los asesinados permanecieron varios días a lo largo del camino para intimidar a la burguesía. En septiembre, las cárceles provinciales estaban abarrotadas de personas que no estaban de acuerdo con el nuevo régimen. Los arrestados a menudo eran enviados a cuarteles liberados, almacenes y depósitos de ferrocarril.
Por todas partes reinaba el abuso. Las nuevas autoridades trataban brutalmente a los prisioneros, utilizando métodos retorcidos. Por ejemplo, obligaban a los nobles a escribir mil veces con caligrafía: "¡Viva el poder del proletariado triunfante y de las capas más pobres del campesinado y del trabajo!" A los sacerdotes los forzaban a cantar "ustedes cayeron como víctimas en la lucha fatal", y a los antiguos oficiales los obligaban a limpiar botas con la lengua.
En el vecino Mokshana, las ejecuciones se llevaban a cabo en la Montaña Pelada, y se prohibía enterrar los cuerpos de los ejecutados. Solo cuando el olor de la descomposición se volvió insoportable, los bolcheviques rociaron los restos con queroseno y los incendiaron. Años después, en la Rusia Soviética comenzaron a aparecer nuevas instituciones penitenciarias, campos de concentración, donde miles de personas vivían y trabajaban en condiciones inhumanas.
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sea el primero.
Para dejar un comentario, inicie sesión con Google.