La campana se puede considerar uno de los símbolos de Rusia, ya que su sonido siempre ha tenido un importante significado social y espiritual.
Este antiguo instrumento musical pertenece a la categoría de percusión y consta de una cúpula y un badajo. El sonido se produce cuando el badajo golpea las paredes de la campana.
Las primeras campanas aparecieron en Rusia a finales del siglo X con la llegada del cristianismo, lo que confirman las excavaciones de iglesias en Kiev y Novgorod. Inicialmente, las campanas no tenían la forma moderna, recordando a un melón. Más tarde aparecieron las campanas "planas", placas de hierro o madera que se golpeaban con un martillo, llamadas "biles". Se utilizaban principalmente para avisar y convocar a los servicios.
Para el siglo XVI, Rusia se convirtió en líder en cantidad y peso de campanas producidas. En el siglo XVII, gracias a la adopción de tecnologías y al descubrimiento de yacimientos de mineral, comenzó el auge de la fundición. Aparecieron fábricas especializadas, y los maestros rusos gradualmente desplazaron a los extranjeros. Desarrollaron un perfil y un método únicos para crear campanas, formando el "estilo ruso", que superó otros métodos de fundición. Las campanas pesaban hasta 1000 puds, y se tocaban de una manera especial llamada "a lenguas". Se prestaba gran atención a la decoración artística, y el sonido de las campanas rusas se caracterizaba por su potencia y melodía.
En el siglo XVIII, bajo Pedro I, la producción de campanas se detuvo, y muchas de ellas fueron retiradas de las iglesias para ser fundidas en cañones. Más tarde, la industria fue restaurada.
Una de las campanas más famosas de Rusia es el Tsar-Campana, cuyo peso es de aproximadamente 200 toneladas. Se fundió varias veces y sufrió daños por un incendio, lo que provocó que se agrietara y se rompiera un trozo. Aunque la campana no se utilizó para su propósito, ha pasado a la historia. En 1834, se instaló sobre un pedestal de granito, y ahora se encuentra en la Plaza Ivanovskaya en Moscú.
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