La vida en una ciudad provincial rusa a finales del siglo XIX y principios del XX ha quedado atrás. Ha cambiado el estilo de vida, se han olvidado las costumbres y las tradiciones han perdido su significado. Hoy en día, es difícil recrear una imagen completa de la vida de los ciudadanos de esa época a partir de los fragmentos que quedan del pasado. Este desafío lo intenta resolver el museo de la vida urbana, donde el tiempo parece haberse detenido, conservando las tradiciones familiares y las costumbres.
El museo está ubicado en uno de los anexos de la antigua mansión del sacerdote del Catedral de la Trinidad de Simbirsk, I. A. Anaxágoras, y representa una casa típica de un ciudadano de clase media. En la exposición se puede ver una colección de porcelana rusa, lámparas y muebles.
Los visitantes a menudo llaman a este museo 'Museo de la familia', ya que el estudio de las festividades familiares, rituales y tradiciones nupciales se ha vuelto habitual para los habitantes de nuestra ciudad.
En 2013, se llevó a cabo en el museo el proyecto 'Varias formas de sentir el tiempo', que fue la primera experiencia en el uso de equipos acústicos y de iluminación modernos con control programático en la exposición memorial. El objetivo del proyecto es activar los sentidos y emociones de los visitantes. Según la concepción de la percepción táctil, cuanto más sentidos se involucren, más completa será la representación del objeto.
Los visitantes serán guiados por las habitaciones de la antigua casa con luz dirigida y en constante cambio, voces de los antiguos propietarios, sonidos de un piano, crujidos de las tablas del suelo, el estallido de los troncos en la estufa y el tintineo de la vajilla. Es importante que el proyecto permite conocer la exposición, manteniendo la autenticidad de la iluminación tenue, característica de finales del siglo XIX y principios del XX.
Otra novedad técnica del museo es un antiguo teléfono. Cualquiera que levante el auricular podrá conocer las 'últimas' noticias sociales de Simbirsk. La nueva sala de exposiciones del museo recrea el ambiente del despacho de un coleccionista a finales del siglo XIX y principios del XX.
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