En el siglo XVIII, las puertas postales de Penza estaban ubicadas en su periferia, cerca de la futura calle Karakozov. Desde aquí comenzaba un largo y peligroso camino hacia Moscú. En 1981, se instaló en este lugar un monumento inusual, que incluye un obelisco de piedra piramidal, una caseta de vigilancia y una barrera, en memoria del puesto postal. En este lugar había una verdadera estación de correos con una posada y un establo, donde se reunía toda la correspondencia de la ciudad, que luego era distribuida por los mensajeros por todo el país. Según las reglas, tales puestos debían estar ubicados cada 40-50 verstas, pero a veces los arrieros podían recorrer mucho más sin encontrar a nadie. Estas estaciones también servían como lugar de descanso: los viajeros podían descansar, y los cocheros cambiar los caballos. La correspondencia estatal se transportaba en carruajes especiales tirados por una tríada. Los mensajes urgentes se entregaban sin paradas: en cada estación, el mensajero se trasladaba a un nuevo diligente y continuaba su camino. En tales casos, los arrieros trabajaban en pareja, alternándose. En el siglo XIX, se planeaba que aquí terminara la calle Moscú, que originalmente surgió como un camino hacia Moscú. Sin embargo, en 1874, la construcción de la estación Penza-I y el ferrocarril separaron esta parte de la ciudad del centro, y los planes arquitectónicos nunca se llevaron a cabo.
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