Arkaid Koshko fue uno de los detectives más conocidos del Imperio Ruso. Comenzando su carrera como inspector en Riga, resolvió ocho crímenes en su primer año, lo que se consideraba un logro significativo. Koshko se destacaba por su enfoque creativo en las investigaciones. Para atrapar a los tramposos de las cartas, se entrenó con ex estafadores y, haciéndose pasar por un jugador empedernido, se infiltraba en los casinos. Tras vencer a los tramposos, les proponía jugar contra su jefe, quien luego era arrestado. En su trabajo, utilizaba maquillaje, bigotes postizos y varios disfraces, a menudo atrapando a los criminales "in fraganti".
En 1908, Koshko fue trasladado a Moscú, donde resolvió un famoso caso de robo de joyas de la Catedral de la Asunción del Kremlin. Al examinar la escena del crimen, supuso que el ladrón aún no había abandonado la catedral. Los agentes revisaron cuidadosamente el área, pero no encontraron nada. Entonces, Koshko ordenó rodear la catedral y esperar. Tres días después, el ladrón salió del iconostasio, alimentándose todo ese tiempo de prosforas.
En la carrera de Koshko también hubo verdaderas investigaciones de aventuras, como la captura de la banda del asesino Vaska Belous. El criminal se volvió tan audaz que enviaba cartas a la policía burlándose de sus intentos de atraparlo. Sin embargo, Koshko encontró a Vaska, quien fue ejecutado.
Arkaid Frantsevich no solo se dedicaba a las investigaciones, sino que también mejoró el sistema de justicia. Gracias a sus esfuerzos, se comenzó a utilizar activamente la dactiloscopia, fotografías y antropometría. Cambió la metodología de las redadas, haciéndolas inesperadas incluso para los policías. Después de la revolución, Koshko emigró a Francia, donde le ofrecieron un trabajo en Scotland Yard, pero él rechazó.
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