En la calle Internacional, 13 se encuentra una casa que perteneció al rico comerciante Nikolai Ivanovich Tsvetkov. Estas paredes guardan numerosos recuerdos: desde las alegres voces infantiles hasta el silencio que siguió a la tragedia, cuando los niños se quedaron sin madre. Con el tiempo, el padre contrajo segundas nupcias, y la familia creció. La nueva esposa trajo tres hijos, que el comerciante adoptó, y ahora en la casa resonaban las voces de siete niños. En esta familia reinaban la paz y la tranquilidad, todas las cuestiones se resolvían sin peleas. Había mucho servicio, y cada uno conocía sus responsabilidades, cumpliéndolas con esmero.
La revolución y la guerra civil dejaron su huella, pero la casa tuvo suerte: los muebles fueron evacuados, pero los espejos permanecieron intactos, nada fue destruido. Años después, en esta antigua mansión comercial se estableció una institución médica, el departamento infantil del hospital ferroviario. Incluso entonces, aquí se mantenía una atmósfera especial: tranquila, suave, paciente y benevolente. Parecía que las paredes ayudaban a los médicos y pacientes, quizás gracias a la fuerte energía de los antiguos propietarios, que el edificio había absorbido y conservado.
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